medio destapado, con algo de frió y los pies transpirados.
La boca seca, pastosa. Con el gusto del cigarrillo que apague no hace mucho.
Me levanto, doy dos pasos, media vuelta y vuelvo a la cama.
“Mejor me acuesto sino quien me levanta mañana”
Me pongo a pensar…no quiero.
Pasaron 45 minutos desde que me acosté por primera vez.
Me niego a caer en la trampa de contar las horas que faltan para empezar actividades.
No me duermo, no tengo sueño. Aunque no se si había dormido.
¿Me había despertado o nunca había conciliado el sueño,
y estaba en ese trance en el que no estamos despiertos, pero tampoco dormidos?
Ese momento en el que cualquier ruido nos despabila.
Se que no hubo ruidos. Fue un pensamiento lo que me despertó,
o no (quizás no estaba dormido).
Tal vez fue el cachetazo que me diste.
Doy cerca de cien vueltas más. La cama esta deshecha.
No tengo más remedio que levantarme.
Por más que intento, nada me devuelve el sueño que te llevaste.
Me rindo a la tentación de escribirte. No tengo una idea clara, son más bien dudas.
Pero igual las escribo.
¿Pude dormir? ¿Cuanto dormí?
¿Me querés? ¿Qué te paso? ¿Vas a Volver?
Lloro.
Lloro mucho y sin parar.
Me perdí. No se si estoy triste, cansado, si tengo sueño…
No eso no, sueño no tengo. Cansado y triste si.
Ahora si hay voces, movimiento. La gente se despierta, y yo
todavía no.
Me lavo la cara, tomo unos mates. Asumo la realidad de que hoy va a ser
uno de esos días en los que vivo medio zombi creyendo
que es todavía el día anterior, y salgo.
Ya en la calle choco mi cabeza con la verdad.
Caigo en la cuenta de que no es ayer…
ayer estabas.


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